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En una fábrica de lácteos al sur de Lagos de Moreno, un hombre de 63 años ajusta cada mañana la entrada de aire de una caldera que funciona con combustóleo desde 1988. No tiene un manual. No consulta una tabla. Olfatea el escape, mira el color de la llama y gira una válvula con la mano izquierda mientras con la derecha anota en una libreta amarilla la hora y el ajuste.
Su ayudante, de 24 años, tiene un título en mecatrónica y sabe programar un PLC, pero no entiende por qué el jefe insiste en "sentir" el combustible antes de encender. El joven mira la pantalla donde el software de control marca "parámetros óptimos". El viejo mira la caldera. Y tiene razón.
Porque los parámetros óptimos del software están calculados para una composición estándar de combustible. Pero el combustible que llegó esta semana, proveniente de una refinería distinta a la del mes pasado, tiene una viscosidad 8 % mayor y un punto de inflamación diferente. El software no lo sabe. El fogonero sí.
El problema no es el combustible: es la discontinuidad
Cuando los expertos en energía discuten sobre la calidad de los petrolíferos, suelen enfocarse en las normas, los laboratorios y los certificados. Todo eso es necesario. Pero insuficiente. Porque entre el certificado que emite el laboratorio y la boquilla del quemador hay una cadena de decisiones empíricas que ningún papel captura.
La realidad es que México tiene un parque de calderas industriales con edades que van desde los 6 meses hasta los 45 años. Cada una responde de manera distinta a las variaciones del combustible. Una caldera nueva, con control electrónico de relación aire-combustible, puede adaptarse en segundos. Una caldera de los ochenta, con regulación manual, depende enteramente de la pericia del operador.
El problema es que esos operadores —los que aprendieron el oficio cuando el combustóleo era el rey indiscutido— se están jubilando. Y no hay quien los reemplace.
Un recorrido rápido por la industria jalisciense revela una tendencia inquietante: en al menos cuatro plantas de gran tamaño, el puesto de "jefe de calderas" ha sido ocupado en los últimos dos años por ingenieros sin experiencia práctica en combustión líquida. Saben de termodinámica. Saben de instrumentación. Pero no saben distinguir visualmente una combustión incompleta de una llama sobreoxigenada. Y los manuales de los fabricantes, escritos en condiciones ideales, no prevén el combustible real que llega por pipa.
https://udgtv.com/noticias/combustible-industrial-activo-silencioso-de-competitividad/314748